Seis consejos para no comer por ansiedad
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Seis consejos para no comer por ansiedad

Comer por impulsos emocionales es consumir alimentos como respuesta a una situación de estrés o sentimientos de ansiedad, incluso sin tener hambre. En esta situación tan difícil, los hábitos alimenticios de muchas personas se han visto afectados. Aquí van algunos trucos para ayudarte a gestionar estos casos.

Mientras que algunas personas pierden el apetito en situaciones de estrés, otras, por el contrario, se refugian en la comida.

Algo dulce para picar entre comidas para calmar emociones, una segunda porción durante la cena para olvidarse de la presión... Es a lo que nos referimos como "stress eating" o "el hambre emocional".

Seas uno de los afectados por este hambre emocional o tengas una relación más sana con la comida, los días de estar encerrados desafían el equilibrio de la vida normal para todo el mundo. Pero debes saber que existen maneras para gestionar estos impulsos compulsivos. Y no es necesario dejar de tomar esos alimentos que nos dan cierta satisfacción.

Adoptar los buenos hábitos

Lo primero de todo, es identificar los factores de estrés que te empujan a comer para poder disminuirlos: problemas con tu pareja, la angustia de escuchar malas noticias... Para ello, un diario puede ayudar a revelarte tus hábitos y costumbres alimenticias.

Habría que apuntar qué se ingiere, cuándo y con quién. Después, es recomendable reorganizar el espacio de la cocina. Para no tener esa gula, esconde las cosas dulces en los armarios, en los estantes más altos o detrás de otros alimentos.

Y haz lo contrario con los alimentos saludables que debas consumir más: ponlos a la vista, más accesibles o incluso puedes lavar y cortar las frutas y verduras con antelación para que estén listas para su consumo instantáneo.

Identifica el hambre

No hay razón para privarte de tus placeres favoritos. Con la situación actual y el estrés que genera, no es el momento de adoptar un régimen estricto. La alimentación no solo es vital, sino que es también una fuente de enorme placer de la vida cotidiana.

Se trata de tener una relación sana con la comida. Entonces, para tener la situación bajo control y evitar ganar peso, deberíamos empezar por preguntarnos: ¿tengo hambre de verdad?

Atiborrarse no es la solución instagram @daeduetv

A veces, las ganas de comer son solo aburrimiento. Contra esto, podemos ponernos las zapatillas de deporte y hacer algo de actividad física, ponernos un episodio de Netflix... Resumiendo, mantenernos ocupados para pensar en otras cosas.

Si estás trabajando desde casa no te saltes las pausas, es importante hacer un buen desayuno o tomarte la merienda si la necesitas. Eso debería evitar que comas por impulsos emocionales o ansiedad.

Otra manera es beber, mantenerte hidratado, porque a veces es fácil confundir la sed con el hambre. Además, dar un trago a algo es otra cosa más que mantendrá tu atención lejos del hambre.

Alternativas infalibles

Cuando sientas un episodio de ansiedad, en lugar de dirigirte de manera automática hacia la cocina, espera cinco minutos y respira profundamente.

Medita, date un baño, escucha música, llama a un amigo... Hay muchas más estrategias alternativas que son igual de eficaces para el estrés que el chocolate.

Cuando el hambre esté presente de verdad, podemos acudir a sustitutos más sanos para picar, como el yogur o las manzanas. Y si de verdad no te puedes resistir a un capricho dulce, optamos por las porciones adaptadas, eligiendo platos o recipientes individuales, para no acabar atiborrándote.


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