¿Sabes distinguir la intolerancia a la fructosa de una intoxicación alimentaria?

No es lo mismo una intoxicación alimentaria puntual que una intolerancia. ¿Sabrías diferenciar una de otra? Te lo explicamos con un caso muy concreto: la intolerancia a la fructosa, el azúcar de la fruta.

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En la sociedad actual existen muchos bulos que alimentan la mala educación nutricional de la ciudadanía. En ocasiones, tras ingerir un alimento en mal estado sin percatarnos pensamos que quizás sea una intolerancia. Sin embargo, no son equivalentes ni similares.

Una intoxicación alimentaria se puede producir por un alimento en mal estado o porque el propio alimento contenga toxinas que provoquen el malestar asociado a esta patología transitoria.

Por el contrario, una intolerancia tiene su origen en el propio organismo: el sistema metabólico enzimático provoca una reacción no tóxica.

En el caso de la intolerancia a la fructosa, el azúcar natural de frutas, verduras y otros muchos alimentos de la dieta mediterránea.

Dentro de las intolerancias a la fructosa se distinguen dos grados diferentes de afectación:

  • Tu organismo no absorbe correctamente el azúcar debido a un daño en la mucosa intestinal.
  • La intolerancia hereditaria o IHF aparece cuando se carece de la enzima hepática fructosa o su absorción es deficiente.

Cómo identificar la intolerancia a la fructosa

Una persona que realmente sea intolerante a la fructosa notará algunos de estos síntomas que se mantienen en el tiempo:

  • Distensión abdominal
  • Dolor abdominal tipo cólico
  • Flatulencias y gases
  • Retortijones
  • Borborigmos o ruidos intestinales
  • Náuseas y vómitos
  • Diarrea o todo lo contrario, una persistente estreñimiento

Cuando uno o varios de estos síntomas se mantienen en el tiempo es importante acudir al especialista para realizar las pruebas pertinentes (test de heces, test de aliento, biopsia, analítica, entre otras).

Para contrarrestar su efecto, los tratamientos actuales se centran en una regulación de la alimentación y la inclusión de suplementos de la enzima Xilosa Isomerasa.

¿Significa esto que hay que eliminar la fruta de la alimentación? No, o al menos no por completo: frutas como el aguacate, el coco o los frutos secos tienen una bajo contenido en fructosa.

En la zona intermedia se encuentra la naranja, el plátano o la fresa. Por el contrario, sí se ha de evitar manzanas, uvas pasas, peras, ciruelas o melocotones, entre otras.

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