Cruralgia: Síntomas y tratamiento
Cruralgia: Síntomas y tratamiento

Cruralgia: Síntomas y tratamiento

Qué es, cuáles son sus síntomas, sus causas y cómo curar la cruralgia. Se trata de una enfermedad que se presenta con un fuerte dolor muy intenso en la pierna. En una situación grave puede paralizar la rodilla y el pie.

¿Qué es realmente la Cruralgia?

La cruralgia, también conocida como neuralgia crural, es la inflamación de un nervio proveniente de la zona lumbar. Esto se produce debido a la compresión de una o dos raíces del nervio crural.

La causas, síntomas y tratamiento son muy parecidos a los de la ciática, pero menos habitual. La cruralgia es más dolorosa y solo suele afectar a las personas de más de 50 años.

Los síntomas de una cruralgia

El principal síntoma es un dolor intenso en la parte delantera del muslo y a lo largo del nervio crural. El dolor parte de las raíces lumbares (L4, L3 o L2), en la médula espinal hasta lo largo del muslo, lo que hace que controle la contracción de los músculos y la sensibilidad de la superficie anterior a la pierna, hasta el pie.

En los casos más graves podemos encontrarnos una parálisis de rodilla, talón y la punta del pie. Convirtiéndose en una lesión irreversible. Este tipo de cruralgia se denomina, cruralgia paralizante.

La cruralgia y sus causas

La cruralgia se debe a un pinzamiento del nervio crural de la hernia discal, por lo que no es de origen infeccioso. Este pinzamiento se debe a la escoliosis (una deformación de la columna vertebral), estenosis espinal o una alteración de uno de los discos vertebrales como consecuencia de la artrosis o del desgaste.

Una complicación en nuestra cruralgia puede probocar una infección en los discos vertebrales, lo que denominamos espondilitis. La espondilitis se trata como urgencia médica de forma inmediata. Un tumor sobre la vértebra también puede provocar compresión del nervio crural.

El tratamiento de la cruralgia: Fármacos y fisioterapia

Lo primero que hay que hacer si sufres cruralgia es reposo, al igual que ocurre con la ciática. No es recomendable descansar más de 2 días ya que los músculos de la espalda podrían debilitarse. Es importante tenerlos fuertes puesto que son los que sostiene la columna vertebral. Un reposo excesivo podría retrasar la curación de la cruralgia, por lo que no es aconsejable permanecer en cama durante un periodo de tiempo excesivo.

Con los primeros síntomas de cruralgia debes de acudir inmediatamente al médico. El tratamiento farmacológico que te va a prescribir es a base de paracetamol y antiinflamatorios no esteroideos. Solo cuando los dolores sean muy intensos podrás empezar con los analgésicos. Además del tratamiento médico, la fisioterapia puede tomarse como apoyo para ayudarnos en el proceso de recuperación.

Transcurridos dos o tres meses del tratamiento, si el dolor persiste puede considerarse la opción de intervención quirúrgica. Para saber si es posible realizar la intervención el médico te realizará pruebas complementarias, podemos destacar dos, una radiografía de la columna vertebral y una IRM (imagen por resonancia magnética).

En el caso de una operación pueden realizarse de diversas formas, una ampliación del canal lumbar, la fijación de la columna o la extirpación de la hernia discal. Estas intervenciones se realizan a través de cirugía no invasiva, lo que disminuye los problemas post-operatorios.

Cómo realizar una automovilización del nervio femoral para una cruralgia

El nervio crural o femoral es uno de los nervios periféricos muy importantes que se encuentra en los miembros inferiores, y como es habitual en estos tipos de nervios, cualquier alteración supone un problema para las personas que lo padecen, ya que les genera cierto grado de discapacidad.

Las causas habituales de afecciones en el nervio crural son:

- Una gran presión permanece por un periodo de tiempo largo, como si tuviera un cinturón que te aprieta durante mucho tiempo.

- Algún golpe o accidente que haya lesionado el nervio.

- Un pinzamiento sobre el nervio a causa de algún tumor o el aumento de alguna arteria o vena que hace que atrape al nervio.

Las movilizaciones del nervio son importantes porque los procesos patológicos, además de afectar a las estructuras, también lo hacen con todo aquello relacionado con el movimiento. Y es que todos los tejidos están conectados, es por eso que las tensiones que se generan al realizar un movimiento se transmiten al resto de la estructura y el cuerpo. Es por eso que todos los tejidos necesitan poder soportar y acompañar al movimiento. Pero como hay enfermedades que afectan a este proceso, es por ello que se necesitan estas movilizaciones.

Al no poder elongarse y deslizarse, los nervios provocan los síntomas que ya comentamos más arriba. Es por este motivo que se llevan a cabo las movilizaciones de los nervios, para poder devolverle la flexibilidad necesaria y no que estos no reproduzcan ningún síntoma. Además, estos ejercicios pueden practicarse en cualquier momento y lugar, y hasta varias veces al día ya que no es necesario ningún tipo de instrumento para poder llevarlo a cabo.

Lo único que hay que tener en cuenta es que el objetivo no es irritar al nervio, todo lo contrario. Además no cabe la más mínima excusa, ya que todas aquellas personas que tienen un dolor crónico pueden realizarlos y obtener así unos resultados magníficos.

A continuación te vamos a explicar algunos de los movimientos que debes realizar para una automovilización del nervio femoral para una cruralgia. Estos son:

-Movilización número uno: lo ideal para iniciar el ejercicio es hacerlo acostado de lado, acto seguido empezamos a curvarnos ligeramente hacia delante y flexionar la cabeza. Cuando estemos en dicha posición, hay que llevar el talón hasta la nalga al mismo tiempo que la cabeza la echamos hacia atrás. Al final del ejercicio relajamos todo llevándolo a la posición original.

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-Movilización número dos: en este segundo ejercicio tienes que tumbarte boca abajo. Hay que poner las manos a los lados del cuerpo y extenderlos por el tronco. Una vez en dicha posición tienes que llevar el talón hasta la nalga, llevando la cabeza hacia atrás. Para acabar hay que relajar todo y volver a la postura inicial.

-Movilización número tres: en esta ocasión, hay que buscar un lugar en el que podamos sentarnos de manera que podamos extender una pierna y que la otra queda colgando por fuera de la superficie. Una vez colocados de esta forma, se inclina el tronco y repetimos el proceso: intentando llevar el talón hacia la nalga al mismo tiempo que inclinas la cabeza hacia atrás. Al final del ejercicio hay que relajar la pierna y el cuello, llevándolos a la posición original.

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