esquizofrenia

La enfermedad se representa por medio de delirios, alucinaciones o problemas del comportamiento.

Esquizofrenia: Qué es

Se trata de una enfermedad psiquiátrica que conlleva problemas mentales. No  se trata de un caso de doble personalidad, sino de un problema de pérdida de contacto de la realidad.

La esquizofrenia aparece habitualmente en los jóvenes entre 15 y 25 años y llega a ser más habitual incluso que el alzheimer o la esclerosis múltiple.

Esquizofrenia: Síntomas

La sintomática es bastante particular de cada paciente, pero normalmente se estructura en tres fases: síntomas positivos, síntomas negativos, síntomas disociativos. No todos los afectados por la esquizofrenia sufren todas las fases.

Los síntomas positivos o excéntricos se caracterizan por las alucinaciones sensoriales o la paranoia, por lo que es una fase bastante apreciable.

Los síntomas negativos o deficitarios suponen una exclusión social del paciente que se evidencia con el aislamiento del paciente, así como por una pérdida afectiva y desinterés de su entorno.

Los síntomas disociativos se exterioriza por medio de la expresión de emociones contradictorias o discursos incoherentes, es decir, una desorganización de la mente y su comportamiento.

Esquizofrenia: Tipos 

Atendiendo como afecte cada fase a cada paciente, se pueden distinguir diferentes tipos de esquizofrenia:

- Esquizofrenia paranoide

- Esquizofrenia catatónica

- Esquizofrenia afectiva

- Esquizofrenia indiferenciada

Esquizofrenia: Causas

Se trata de una enfermedad de la que aún se desconocen sus causas, pero científicamente se considera el factor genético y medioambiental como los determinantes de la esquizofrenia.

Las personas con un pariente cercano que sufran esquizofrenia, tienen mayor probabilidad de contraer la enfermedad, en un 13% llegando incluso al 40% según el caso.

Otros factores que pueden influir en la enfermedad, son el consumo de cannabis o las situaciones de stress como son las tensiones o presiones sociales.

Esquizofrenia: Tratamiento

Principalmente se debe llevar un tratamiento farmacológico basado en neurolépticos o antidepresivos, los timo reguladores y los tranquilizantes.

Los medicamentos consiguen en gran medida frenar los síntomas dando calidad de vida al paciente.

El tratamiento, debe tener un seguimiento permanente durante toda la vida, ya que la enfermedad no se cura completamente y los parones pueden tener repercusiones importantes en la recuperación.

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